El poder del ejercicio para sanar la flora intestinal

El poder del ejercicio para sanar la flora intestinal

La actividad física mejora la digestión y refuerza defensas

La microbiota o flora intestinal es un ecosistema de microorganismos vital para la salud. Cumple funciones críticas como la defensa contra virus y bacterias, el apoyo al sistema digestivo y la absorción de minerales. Sin embargo, factores como la mala alimentación, el estrés o el uso de medicamentos pueden alterarla, provocando desde alergias y dermatitis hasta problemas digestivos crónicos como gases y estreñimiento.

El ejercicio como aliado de la microbiota

De acuerdo con la Dra. Nayeli Xochiquetzal Ortiz Olvera, investigadora de la UNAM, la actividad física es una herramienta terapéutica para el intestino. El movimiento (caminar, trotar o nadar) estimula los movimientos peristálticos, facilitando la renovación de la flora.

  • Oxigenación: El ejercicio modifica el oxígeno que llega al intestino, favoreciendo el crecimiento de microorganismos benéficos.
  • Digestión de grasas: Ayuda a combinar los ácidos biliares, mejorando el procesamiento de lípidos.
  • Efecto metabólico: En personas con sobrepeso, la simple activación física mejora significativamente la calidad de la flora intestinal.

Recomendaciones para entrenar sin riesgos

Aunque el deporte es positivo, la experta advierte sobre el síndrome de sobreentrenamiento. Realizar ejercicio de alta intensidad sin preparación puede estresar al organismo y dañar la microbiota en lugar de ayudarla.

  • Progresividad: Se recomienda iniciar con lapsos de 15 minutos e incrementar el tiempo gradualmente.
  • Ejercicios aeróbicos: Son los más beneficiosos, ya que disminuyen las resistencias periféricas y permiten invertir energía en la salud celular.

Hábitos complementarios para el equilibrio intestinal

La salud intestinal no depende solo del movimiento, sino de un estilo de vida integral. La Dra. Ortiz Olvera enfatiza que no existen “alimentos malos”, sino cantidades y combinaciones inadecuadas.

Para preservar este equilibrio, se sugieren los siguientes hábitos:

  • Realizar cinco comidas al día (incluyendo colaciones).
  • Equilibrar el consumo de proteínas, grasas y azúcares.
  • Dormir entre 6 y 8 horas diarias.
  • Evitar el alcohol y tabaco.
  • Reducir la automedicación.

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