También cosecha conocimientos, responsabilidad y trabajo en equipo.
Lo que comenzó como un espacio de tierra sin aprovechar, hoy se ha convertido en una pequeña escuela de vida para decenas de niñas y niños de la comunidad de Ojo de Agua.
En la primaria de la localidad, estudiantes, docentes y padres de familia han logrado consolidar un huerto escolar que no solo produce hortalizas y frutos; también cosecha conocimientos, responsabilidad y trabajo en equipo.
Durante una visita de seguimiento al proyecto impulsado a través del programa “La Tierra Nos Enseña”, la presidenta del DIF Municipal de Huasca, Mónica Arriaga, constató cómo este espacio se ha convertido en un modelo donde las niñas y los niños aprenden haciendo.
Aquí los estudiantes siembran, cuidan, cosechan y también administran. Los productos obtenidos son adquiridos por el comedor escolar para la preparación de alimentos, mientras que un comité integrado por los propios alumnos participa en la organización y manejo de los recursos generados.
El resultado va mucho más allá de una cosecha. Los alumnos fortalecen conocimientos de matemáticas, desarrollan habilidades de organización, comprenden el valor del trabajo y descubren que el esfuerzo colectivo puede transformar su entorno.
“Lo más valioso no son únicamente las verduras que se producen, sino todo lo que las niñas y los niños están aprendiendo en el proceso”, destacó Mónica Arriaga al reconocer el compromiso de maestros y familias que han hecho posible este proyecto.
La experiencia de Ojo de Agua demuestra que cuando una comunidad educativa se involucra, un huerto puede convertirse en mucho más que un espacio verde: puede ser un aula al aire libre donde se cultivan alimentos, valores y oportunidades para el futuro.
