DE LA CUNA A LA CANCHA

DE LA CUNA A LA CANCHA

Por Ricardo Zárate Ramírez

El fútbol mexicano se encuentra nuevamente en un dilema donde la legalidad reglamentaria parece incompatible con los intereses comerciales y las omisiones arbitrales.

El reciente enfrentamiento entre Pumas y América en la fase final ha trasladado la disputa de la cancha a las oficinas de la Federación Mexicana de Fútbol, poniendo a prueba la integridad de la competencia.

La situación que detonó la protesta de la directiva de la UNAM no fue una interpretación subjetiva, sino un error flagrante de la banca americanista, durante el segundo tiempo del partido de ida.

El cuerpo técnico del Club América, encabezado por André Jardine, realizó una modificación doble. Sin embargo, el jugador que ingresó al terreno de juego no coincidía con el registro entregado previamente en la hoja de alineación oficial ni en el sistema digital de la Liga MX.

El futbolista en cuestión -quien originalmente aparecía como “no convocado” por una supuesta lesión- participó activamente en el juego durante más de 15 minutos.

Lo alarmante del caso es la presunta omisión en la cédula arbitral. Rumores internos sugieren que el árbitro central no asentó el incidente de manera detallada, un “olvido” que parece abrir la puerta a una interpretación que (para variar) favorecería la continuidad del conjunto de Coapa en la liguilla.

Y es que el Reglamento de Sanciones de la FMF es tajante. En su apartado sobre alineación indebida, establece una distinción clara según la etapa del torneo:

Temporada Regular: El equipo infractor pierde el partido por un marcador de 3-0.

Fase de Liguilla: La sanción es la eliminación directa e inmediata del certamen.

Bajo esta premisa, si la Comisión Disciplinaria actúa con apego estricto a la norma, el América debería quedar fuera de la contienda hoy mismo. No obstante, la historia de nuestro balompié nos ha enseñado que el “criterio” suele ser flexible cuando los protagonistas son los activos más valiosos del “negocio”.

Y ya entrados en el terreno de las repercusiones comerciales. ¿Qué sucede con la logística y el boletaje? Si Pumas gana la protesta y el partido de vuelta se cancela o pierde su razón de ser, la directiva universitaria enfrenta un dilema ético y financiero: ¿Regresará el monto de las entradas a los aficionados que ya pagaron por un partido que podría no celebrarse o ser de trámite?

Una acción de esta naturaleza sería histórica, pero financieramente dolorosa.

Por otro lado, está la presión desde las altas esferas. Porque resulta difícil imaginar que Emilio Azcárraga Jean y la estructura de Televisa/ViX permitan que un partido de prime time, con los niveles de audiencia que genera un Clásico Capitalino en Liguilla, se esfume por una decisión de escritorio y menos si el equipo infractor es justo el de las águilas. La pérdida por conceptos de publicidad y derechos de transmisión sería millonaria.

La credibilidad de la Liga MX está en juego, como casi siempre pasa cuando va de por medio el color amarillo. Si se comprueba la alineación indebida y no se aplica la eliminación, el reglamento se convertirá en “letra muerta”. Si se aplica, Pumas avanzará justamente, y el negocio recibirá un golpe en seco, pero prevalecerá lo deportivo.

Esta crisis también pone a prueba la esencia misma de la rivalidad entre América y Pumas. Si la directiva de la UNAMdecide no insistir con la inconformidad administrativa o cede ante las presiones, ¿dónde quedará esa férrea y orgullosa resistencia universitaria ante su odiado rival? Guardar silencio por diplomacia o conveniencia sería traicionar la místicade un duelo que se presume como uno de los más pasionales del país.

Además, el América no puede argumentar que el árbitro dio su autorización para el ingreso del jugador. La responsabilidad del reglamento es del club, y la historia no olvida: en aquella semifinal de la temporada 87-88 contra Morelia, el árbitro José Antonio Garza y Ochoa cometió el error de dar por terminado el juego donde los ates habrían ganado por el criterio de gol de visitante; sin embargo, tras revisar el reglamento, tuvo que sacar a los jugadores michoacanos del vestidor, ya bañados y cambiados, para que se tiraran los penales y con ello, su eliminación. El error del árbitro no debe ser factor para no cumplir el reglamento.

Por si fuera poco este escenario representa una evaluación crítica para la Liga MX en la víspera del Mundial 2026. ¿Cómo se verá ante el mundo que el equipo señalado como el “favorecido” por el sistema, evite una eliminación directa por un tema administrativo tan evidente? La transparencia de nuestra liga está bajo la lupa internacional.

Finalmente, resulta irónico ver a gran parte del entorno americanista defendiendo lo indefendible, culpando al árbitro por ser permisivo y recriminando a Pumas por no “ganar en la cancha” tras un polémico empate 3-3. Una narrativa que omite convenientemente que ese marcador se alcanzó gracias a dos penales dudosos a favor del América.

¿Qué pasará? ¿Se impondrá el negocio? ¿Se ejecutará el reglamento? ¿O lo de siempre?

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