El régimen quiere la “ética” de Lord Molécula.
O de Poncho Gutiérrez; el chapucero, Vicente Serrano, Hans Salazar y toda esa piara de mercachifles mamarrachos que se arrastran sin dignidad para alabar al poder.
No, está confundida la presidenta y sus asesores.
O no, y es con toda la insana intención de acabar con cualquier atisbo de crítica.
Sí, es eso.
Buscar “defender” a las audiencias, en la inteligencia (es un decir) que éstas mismas audiencias no son capaces de defenderse solas es un despropósito mayúsculo.
La vacilada de la consulta popular ya se sabe cómo terminará, de ahí a que el gobierno meta la mano en la ética y en los contenidos periodísticos de cada medio es un solo paso.
Lo dicen los expertos: cualquier intento del Estado de interferir en la libertad de expresión, es autoritario.
Los códigos de ética, la distinción entre información y opinión editorial y todas esas consideraciones que, algunos de buena fe, aclaman, están perfectamente definidos en los medios serios.
En los medios serios.
No en paginuchas anónimas o en más mercachifles usados por políticos para atacar a periodistas.
Ahí lo que menos hay es ética.
El periodismo tiene perfectamente claros sus principios, métodos y normas desde hace siglos.
Ningún gobierno tiene por qué intentar modificarlos en aras de su buena imagen.


