La colorida historia del “no somos iguales” al “somos lo mismo”. O peor:
El Partido Revolucionario Institucional, en el pináculo de su poder, inventó esa trampa sutil de pintar edificios públicos, uniformes institucionales, vehículos oficiales y cuanto objeto se pudiese con sus colores “institucionales”.
Así ocurrió por años, hasta que, con base en saliva y demagogia, los que llegaron a sacar al priismo a patadas gracias a todos los actos de corrupción existentes, hicieron exactamente lo mismo.
Víspera de épocas de elecciones, víspera de campañas electorales, qué mejor que tapizar el mobiliario urbano de los colores institucionales del partido en el poder. El muy elegante “color morena”, el guinda.
Igual que lo hacían aquellos.
¿Que dijimos que no somos iguales y no haríamos lo mismo?
Puede ser, no hay pruebas de eso, pero esto seguramente no viene en el paquete.
¿Que los colores del partidazo (el de antes y el de ahora) no se incluyen en la cromática oficial, nacional e internacional, de señalamientos viales?
Bueno, eso es un detalle sin la menor importancia.
¿Quién diablos se va a fijar en eso?
La NOM-034-SCT2-2011, que regula el señalamiento horizontal y vertical en calles y carreteras de jurisdicción federal, estatal y municipal, establece criterios uniformes para los dispositivos de control del tránsito en el país.
Entre sus disposiciones, la norma señala que estos elementos urbanos deben pintarse de color amarillo, como parte de los aditamentos de señalización vial.
Asimismo, el Manual de Señalización y Dispositivos para el Control del Tránsito en Calles y Carreteras, emitido por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, reserva el color amarillo para funciones de advertencia, prevención y delimitación de riesgos, mientras que otros colores tienen usos específicos relacionados con la regulación del tránsito.
El guinda no está entre ellos. En ninguna parte.
Si, dijera un amigo: ¿Y?


