Suponiendo…sin conceder.

Suponiendo…sin conceder.

Guadalupe Taddei anunció su renuncia a la presidencia del Instituto Nacional Electoral, en medio de investigaciones por “presuntas” irregularidades en contratos millonarios y “posibles” conflictos de interés con proveedores del organismo. Esos ridículos eufemismos del “debido” proceso. 

Apenas unas horas antes sostenía, baladronada, que no abandonaría el cargo. Finalmente, la defensa de la institución se convirtió en el peregrino argumento de su salida. 

La presidenta Claudia Sheinbaum pidió investigar las contrataciones del INE y sostuvo que no debe existir “ninguna sombra de corrupción” -«Pulvis et umbra sumus»- en el organismo. 

Es una exigencia legítima, claro. Lo verdaderamente sorprendente sería que ese mismo criterio se aplicara sin excepciones, tanto a los funcionarios cuestionados como a cualquier persona cercana al poder. 

¿Por qué Taddei Zavala perdió la razón? Porque se puede. Porque vio, con emoción, que a pesar de contratos, videos, audios, denuncias, señalamientos, etcétera etcétera, no pasa absolutamente nada. 

No renuncia “para proteger al Instituto”,   renuncia para tratar de salvar su pellejo, amparada en el manto de impunidad que cubre “al movimiento”. Y gracias al cual hay más corrupción que nunca.

Solo que, lástima, Lupita, usted no es hija de AMLO.

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