Un año: Jessica Blancas, Omar Fayad y el bla bla bla fiscalizador.
Hace un año, Jorge Valverde Islas nos concedió una entrevista a Central MX Noticias que, vista con la perspectiva del tiempo, resulta demoledora.
El auditor superior del Estado hablaba con firmeza. Explicaba que la “auditoría excepcional” (vaya paradoja con el nombre) practicada a la gestión de Jessica Blancas Hidalgo había detectado una observación por 59 millones 208 mil 69 pesos con 10 centavos que no había sido solventada.
Aseguraba que, una vez agotado el procedimiento de fiscalización, la consecuencia natural sería la presentación de una denuncia ante la Procuraduría General de Justicia del Estado.
Incluso fue categórico: si no existía documentación que justificara el uso de los recursos, la investigación conduciría a determinar si había responsabilidad administrativa, penal o ambas. En otras palabras, el procedimiento legal seguiría su curso.
Las palabras quedaron registradas. El bla bla bla fiscalizador.
Doce meses después, la realidad es exactamente la contraria.
Jessica Blancas no sólo no ha enfrentado una denuncia penal durante buena parte del proceso, sino que ha recibido un tratamiento que difícilmente podría calificarse como ordinario.
Se le concedieron plazos adicionales, se aceptó documentación presentada meses después de iniciadas las observaciones y, posteriormente, se abrió incluso la posibilidad de evitar una denuncia mediante el reintegro de los recursos observados.
Se le permitió al exgobernador Omar Fayad, hoy embajador, dejar Noruega en periodo laboral para cruzar los mares y defenderla.
¿Existe otro servidor público en Hidalgo que, frente a una observación de casi 60 millones de pesos, hubiera recibido el mismo nivel de consideración?
Difícil encontrar un precedente.
Porque mientras en otros expedientes la Auditoría ha presentado denuncias por montos considerablemente menores una vez agotados los procedimientos administrativos, en este caso la historia pareció escribirse bajo reglas distintas.
Lo más llamativo es que ni siquiera esa ruta extraordinaria produjo resultados.
El dinero tampoco regresó.
La propia información pública señala que el reintegro nunca se concretó y que las observaciones permanecieron sin solventarse en los términos originalmente establecidos.
Así, el expediente terminó convirtiéndose en un símbolo de algo más profundo que un procedimiento de auditoría.
Se convirtió en el retrato de una justicia acomodaticia que cambia de velocidad dependiendo del personaje involucrado.
Si un ciudadano común incumple con el pago de un impuesto, la autoridad actúa con rapidez.
Si un pequeño proveedor no entrega correctamente un contrato gubernamental, (Uuuh, ¡Noo!) enfrenta sanciones.
Pero cuando una exsecretaria de Finanzas acumula observaciones millonarias, el proceso parece transitar por un camino distinto, lleno de oportunidades, flexibilidades y alternativas que difícilmente se ofrecen a cualquier otro servidor público.
La propia entrevista concedida por Jorge Valverde hace un año reflejaba esa lógica. Decía que la Auditoría había profesionalizado sus capacidades técnicas, incorporado especialistas informáticos y fortalecido sus mecanismos para detectar desvíos que antes pasaban inadvertidos.
Ahora, la ASEH continúa, dice, analizando la documentación presentada por Blancas Hidalgo y Omar Fayad.
Dice.
El bla bla bla fiscalizador.


