Julio Menchaca, Guillermo Olivares y presidencias municipales: La seguridad empieza por la política.
El gobernador Julio Menchaca volvió a poner sobre la mesa un tema que, en el discurso, parece indiscutible: la coordinación entre los tres órdenes de gobierno como condición indispensable para garantizar la seguridad.
Lo hizo durante la primera sesión ordinaria del Consejo Estatal de Seguridad Pública, donde pidió fortalecer el trabajo conjunto entre la Policía Estatal y las corporaciones municipales, además de dotar de mejores herramientas a las áreas de inteligencia y operación.
El planteamiento es correcto. Ningún estado puede aspirar a mejorar sus indicadores de seguridad si sus municipios caminan por separado o si las policías locales operan sin coordinación. Tampoco puede consolidarse una estrategia cuando cada nivel de gobierno trabaja bajo prioridades distintas.
Sin embargo, el problema de Hidalgo no comienza en las patrullas. Empieza mucho antes, en la política.
La seguridad pública descansa sobre un principio básico: gobernabilidad. Y ese es justamente el terreno donde el gobierno estatal ha mostrado sus mayores debilidades.
Durante los últimos meses, diversos municipios hidalguenses han atravesado conflictos políticos internos, enfrentamientos entre alcaldes y regidores, disputas por el control administrativo, bloqueos, protestas y crisis institucionales que han desgastado a las autoridades locales y distraído recursos que deberían destinarse a gobernar.
Tula, Apan, Tepeji del Río, Atlapexco, Pisaflores, Nicolás Flores, Francisco I. Madero y algunos más en los que no hay operación política alguna.
En buena parte de esos casos, la Secretaría de Gobierno ha llegado tarde o simplemente ha permanecido como espectadora.
Guillermo Olivares Reyna, responsable de la política interna del estado, tiene como función precisamente evitar que los conflictos escalen. Su tarea no consiste únicamente en reaccionar cuando el problema ya estalló, sino en construir acuerdos, tender puentes y desactivar crisis antes de que se conviertan en focos de inestabilidad.
Eso no ha ocurrido con la eficacia que el momento exige.
Mientras el gobernador habla de fortalecer la coordinación policial, existen municipios donde la coordinación política simplemente no existe. Y cuando un ayuntamiento permanece atrapado en disputas internas, difícilmente podrá concentrarse en fortalecer su policía, mejorar sus servicios públicos o atender las demandas ciudadanas.
Julio Menchaca ha insistido en que Hidalgo ofrece estabilidad para atraer inversiones y consolidar proyectos económicos. Ese objetivo requiere algo más que cifras de incidencia delictiva o mesas de seguridad.
También necesita municipios funcionales, autoridades con capacidad de decisión y una Secretaría de Gobierno que ejerza plenamente su papel como operador político.


