¿Caímos o no caímos en el índice de paz? Sí, ah, bien.
Un airado, aunque francamente cordial, reclamo por parte de un funcionario ligado a las tareas de seguridad pública en el estado derivó en una disertación sobre palabras e interpretaciones.
Cordial, porque aunque fue reclamo, este funcionario es de los pocos con quienes se puede dialogar sin que se “prendan” por rozar con una crítica a sus jefes y te retiren el saludo hasta el fin de los tiempos.
– ¿Caímos o no caímos en el índice de paz 2026?
– Un lugar, pero sí.
– Es que fuimos el primer lugar en años pasados, durante tres años consecutivos.
– La versión oficial dice “Hidalgo se consolida entre las 10 entidades mas pacíficas de México”.
– Qué bonito, aunque bien pudo ser “Hidalgo cae nueve lugares en una década”.
– Se va a enojar el Gober.
– Ah, claro, enojado debe de estar por haber caído otro lugar, porque además esta espiral descendente no es su culpa.
La caída comenzó en el sexenio de Omar Fayad, aunque en realidad, en el de Andrés Manuel López Obrador, que fue quien abandonó a su suerte al estado.
Con su ya ad náuseam demostrada política de abrazos a los criminales, López Obrador consintió no apretar con las fuerzas federales a criminales huachicoleros en Hidalgo.
La policía estatal de Fayad Meneses hizo lo que pudo con lo que tenía.
Y en los albores del sexenio de Julio Menchaca no fue diferente.
– Antes seguimos siendo de los más seguros.
– Más bien, de los menos inseguros ¿no?
– Pos si (sic).
En realidad, como se ha dicho en este espacio en repetidas ocasiones: Hidalgo continúa siendo un oasis en medio del desierto de la violencia en el centro del país.
Pero ya nos superó Tlaxcala. Cuidado.


