Prevaleció el sentido común y la razón a pesar de Mario Delgado.
El secretario de Educación Pública del gobierno federal, Mario Delgado, arrastró a las y los secretarios locales al sinsentido que les provocó un maremágnum burdo, inconcebible, ridículo, de este fin de semana.
La ocurrencia incalculada de Delgado Carrillo, producto del temor a las amenazas de la CNTE de boicotear el mundial, a la incapacidad en lo general y en lo particular del gobierno mexicano para contener cualquier clase de manifestación social y la ligereza con la que “planean” estrategias provocó que titulares de organismos educativos del interior de la república se fueran de bruces junto con su homólogo federal.
Incluso quienes manifestaron su preocupación por semejante aberración, fueron víctimas de la aplanadora que significó ir en contra del titular de la SEP e incluso de la propia presidenta de la República y nadie fue capaz de expresar su desacuerdo en lo más mínimo.
Las protestas fueron finalmente las que regresaron las cosas a la normalidad, el poder ciudadano se impuso al medroso, cobarde y ambiguo gobierno.
Los golpes de timón de las autoridades se dan a punta de periodicazos, la capacidad de reacción se circunscribe a la cantidad de golpes mediáticos y de redes sociales.
Y este gobierno es incapaz de sostener una decisión si el costo político puede ser alto.
Al fin que el último mes de clases pues, ya es francamente de pura pachanga.
Las preguntas de siempre:
¿Y la secretaría de gobernación?
¿Y los innumerables asesores de Sheinbaum y Delgado?
¿Y la maldita capacidad de razonar?
¿Gobernar para las encuestas es lo mejor?
Extraviados en la interminable cantidad de bretes que tiene este gobierno lleno de improvisados, lleno de “90 por ciento lealtad y 10 por ciento capacidad”.
Una muestra más.


