La faena de Andrés Velázquez a taurinos y antitaurinos.
En el Congreso del Estado de Hidalgo se llevó a cabo un “ejercicio de diálogo” entre legisladores y representantes de distintos sectores en torno al bienestar animal y la regulación de espectáculos taurinos, en el que se expusieron posturas a favor y en contra.
El presidente de la Junta de Gobierno, Andrés Velázquez Vázquez, reconoció el proceso democrático impulsado por el Poder Legislativo, al señalar que se ha dado voz a las diferentes partes involucradas, lo que permitirá avanzar hacia la realización de un segundo foro.
Hasta ahí, digamos, todo dentro de los objetivos normales.
Los argumentos de los antitaurinos, encabezados por el diputado Avelino Tovar, los de siempre: que es una salvaje tortura hacia el toro, que es un animalito indefenso, que es un espectáculo cruel e inhumano.
Los argumentos de los taurinos, acaudillados por el mataor hidalguense Luis Gallardo, también, los de siempre: que es una cosa cultural y tradicional, que los toros son unos seres superiores que no sienten dolor alguno cuando son atravesados por los aceros de la cuadrilla de hombres armados que lo someten, que es una actividad de la que depende el sustento del mundo entero.
Como la civilidad entre estos dos grupos antagónicos no dura más de un tercio, el diputado Andrés Velázquez debió intervenir para calmar los ánimos cada vez más caldeados.
Sin duda fue un ejercicio extraordinario y muy ilustrativo para darnos cuenta que no hay conciliación posible entre ambas posturas.
No habrá forma de llegar a un acuerdo porque ambas partes son radicales y, llegado el momento, incurren no solo en la necedad sino en la violencia.
La reflexión final, quizá, será que, en pleno siglo XXI, es inadmisible que un negocio sustente sus pingües ganancias en el sufrimiento de un ser vivo.
Por más que digan que es un animal casi inmortal.
Si me preguntasen a mí -que lo dudo- diría que sí, a mí me encantan los toros, sobre todo la cabeza.
Para pellizcarla con tortillas y rociarla con cerveza.
Hasta darle la puntilla.


