Suponiendo…sin conceder.

Suponiendo…sin conceder.

Pero antes fallaron algunos más. 

Hay reformas que envejecen mal. Y hay otras que, cuando pasa el tiempo, simplemente dejan al descubierto aquello que sus autores no quisieron —o no pudieron— ver cuando las aprobaron. La gubernatura de dos años en Hidalgo pertenece a la segunda categoría.

Al inicio del gobierno de Julio Menchaca se impulsó una reforma para que quien lo sucediera en 2028 gobernara únicamente hasta 2030. 

El argumento, peregrino, administrativo: empatar las elecciones locales con las federales, “ahorrar recursos y aumentar la participación ciudadana”. 

El Congreso, la ignominiosa “legislatura de la inclusión”, hizo lo suyo y la Constitución quedó modificada. 

Sin embargo, la siguiente gubernatura podría corresponder a una mujer.

Y entonces aquello que parecía una elegante operación de ingeniería electoral comenzó a verse de otra manera: después de más de 150 años de gobiernos encabezados por hombres, la primera mujer que pudiera gobernar Hidalgo tendría derecho a hacerlo… pero solamente durante dos años.

¡Dos años!

Los hombres tuvieron sexenios. La mujer recibiría una muestra gratis.

De ahí que Carolina Viggiano haya convertido el asunto en una acertada acusación: una reforma que puede calificarse de misógina, porque el resultado práctico sería que precisamente la primera mujer que llegara al Poder Ejecutivo estatal recibiera una gubernatura recortada. Una minigubernatura.

 Viggiano incluso ha planteado que, si verdaderamente se busca reivindicar la participación política femenina, la próxima gobernadora debería tener un periodo completo y no una administración de duración excepcional.

Lo curioso —y políticamente más interesante— es que esta vez la priista no está sola.

Dentro de Morena surgieron voces que encontraron exactamente el mismo problema.

Tania Meza fue bastante clara: una gubernatura de apenas dos años para una mujer podría constituir un acto discriminatorio. No lo dijo el PRI, ni el PAN, ni algún perverso conservador enemigo de la transformación. Lo dijo una diputada de Morena y una de las figuras que aparece recurrentemente entre las posibles aspirantes a suceder a Menchaca.

Simey Olvera tampoco compró con demasiado entusiasmo aquello de que dos años fueran suficientes. La senadora morenista ha señalado que un periodo semejante resulta insuficiente para desarrollar un proyecto de gobierno y respaldó la discusión sobre ampliar la duración del próximo mandato. 

Susana Ángeles se ha pronunciado igualmente por una gubernatura para una mujer con un periodo mayor, y su posición coincidió con la propuesta posterior para llevar el mandato de 2028 a cinco años. 

Tres mujeres de Morena. Tres mujeres mencionadas en la sucesión. Tres mujeres que, con distintos matices, terminaron cuestionando las consecuencias de una reforma promovida desde un gobierno de Morena.

Qué incómodo.

La “transformación” corrigiendo a la transformación.

Y el gobernador que promovió los dos años terminó reconociendo después que los cinco también podían ser jurídicamente viables.

La reforma nació sin perspectiva sobre lo que significaría para la primera mujer que gobernara Hidalgo.

Podrán llamarla “homologación electoral”.

Podrán hablar de “ahorro”.

Podrán citar calendarios, concurrencia, participación y técnica legislativa. Etcétera, etcétera…etcétera. 

Carolina Viggiano la llama misógina. Tania Meza habla de discriminación.

Simey Olvera considera insuficientes los dos años. Susana Ángeles respalda ampliar el periodo.

Resulta difícil encontrar cuatro mujeres políticamente más distintas que coincidan accidentalmente en el mismo punto.

Quizá el problema nunca fue que una mujer gobernara Hidalgo.

Claro que puede gobernarlo.

Nada más que, según aquella brillante reforma y sus promotores, debe hacerlo rapidito.

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