Suponiendo…sin conceder.

Suponiendo…sin conceder.

Dicen que el eximio jurista Ignacio Burgoa Orihuela decía que las  reformas constitucionales solían tener una virtud y un riesgo. 

 La virtud es que permiten conocer hacia dónde quiere caminar una mayoría política. El riesgo es que también exhiben hasta dónde está dispuesta a llegar.

La semana pasada, el Congreso de Hidalgo aprobó modificaciones en materia de austeridad, racionalidad administrativa, igualdad sustantiva y paridad de género. La iniciativa, presentada por el gobernador Julio Menchaca, incorpora principios que hoy difícilmente alguien se atrevería a cuestionar públicamente: menos privilegios, mayor control del gasto y más espacios para las mujeres en la vida pública.

En el apartado de género –largamente dialogado en las reuniones de representantes partidistas con el secretario de Gobierno, Guillermo Olivares, amplio conocedor del tema- la reforma fortalece la observancia de la paridad en la integración del Congreso local y de los ayuntamientos. 

Es una postura congruente con la evolución constitucional e histórica que México ha experimentado durante los últimos años.

También en el Congreso permanecen inactivas iniciativas promovidas (cacofonía aparte) por diputadas de Morena que plantean cambios de mayor alcance. 

Una propone que la próxima gubernatura no tenga una duración de dos años, sino de cinco. Otra plantea que los partidos políticos postulen exclusivamente mujeres para la siguiente elección de gobernadora.

La mayoría legislativa ya dejó claro que quiere fortalecer la paridad en la Constitución de Hidalgo. 

Lo que aún no queda claro es si esa convicción alcanza únicamente para las regidurías, sindicaturas y diputaciones, o si también llegará al despacho principal de Plaza Juárez.

¡Ah, verdad!

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