El sábado por la noche, en el Estadio Azteca, la Selección Mexicana se midió de tú a tú con Portugal y sacó un 0-0 que, visto con frialdad, no estuvo nada mal. El Tri salió a plantar cara, no se escondió, generó peligro y dejó en claro que, cuando se propone, puede competir contra cualquiera de los grandes de Europa.
Portugal tuvo sus momentos, claro, pero México no se arrugó. Hubo jugadas de ida y vuelta, presión alta y hasta un par de llegadas que hicieron vibrar al público. Jugamos bien. Punto. Pero la afición no perdona. Y no la culpo. Al silbatazo final, los abucheos, olés y ese “¡ehhh pu…!” que ya se ha vuelto clásico dejaron en evidencia lo que todos sentimos: jugamos decente, sí, pero no alcanza.
La gente exige más. Exige gol, exige triunfo, exige esa sensación de que el equipo está a la altura de lo que viene en el 2026. Un empate sin goles ante Portugal sabe a poco cuando el Mundial está a la vuelta de la esquina y el país entero espera que el Tri deje de ser el “casi siempre” para convertirse en el “por fin”. En el banquillo, Javier Aguirre vio lo que tenía que ver. El equipo compitió, la defensa se paró firme y el medio campo no se descompuso. Pero también quedó claro que todavía falta ese punch arriba, esa chispa que convierta el dominio en goles. Portugal perdonó varias, México no las aprovechó. Así de simple y así de doloroso.
Y hablando de la afición, siempre ha tenido sus consentidos. Recordemos a René Paul Moreno, aquel extremo desequilibrante del Puebla que, cada vez que era convocado a la Selección, la gente pedía a gritos su ingreso. O a Javier “el Abuelo” Cruz, al que los aficionados coreaban en un solo grito: “¡Abuelo! ¡Abuelo!”. Esas eran las voces que se imponían en las tribunas cuando el equipo necesitaba un revulsivo. En la reinauguración del Azteca, el grito fue para “la Hormiga”. El chaval dejó ir una oportunidad clarísima de gol y, sin embargo, la gente lo siguió pidiendo. Ojalá este muchacho sepa aprovechar su buen momento futbolístico, no se le suba a la cabeza y no pierda piso.
Porque en el fútbol mexicano los talentos jóvenes aparecen y desaparecen con la misma rapidez si no los cuidan. Desde Hidalgo, no puedo dejar pasar un detalle que duele: ni un solo jugador de Pachuca apareció en la convocatoria. Ni uno. Otra vez los Tuzos, que están peleando arriba en la Liga MX y que han dado varios talentos al fútbol mexicano en los últimos años, se quedaron fuera. ¿Falta de nivel? ¿Preferencias del técnico? ¿O simplemente que el DT sigue mirando más hacia Europa y a los naturalizados que a la cantera local? Sea como sea, duele. Porque Pachuca merece representación cuando sus jugadores están rindiendo a buen nivel y sudando la camiseta cada semana en la Liga.
Y aquí viene el debate que no se puede esquivar: ¿era prudente seguir apostando por más naturalizaciones como la de Álvaro Fidalgo o hubiera sido mejor voltear a ver a jugadores que ya conocen el fútbol mexicano por dentro y por fuera? Fidalgo debutó como seleccionado y cumplió: orden, buen pie, experiencia europea. Nadie lo niega. Pero también es un jugador que llega “de afuera”, que se naturalizó después de cinco años en el país y que, al final del día, representa una opción más de importación. No estoy en contra de los naturalizados. El fútbol moderno es así y Fidalgo demostró que puede ayudar. Pero cuando ves que los Tuzos quedan fuera una vez más, uno se pregunta si no estamos dejando pasar talento que ya está integrado, que conoce la Liga y que, encima, representa a una plaza como Hidalgo, que siempre ha dado más de lo que recibe. ¿No sería más prudente equilibrar? ¿Traer calidad de afuera sí, pero sin olvidarnos de los que ya están peleando aquí, con el corazón puesto en la camiseta? Al final, el 0-0 contra Portugal deja un sabor agridulce. Buen partido, buena actitud, pero la exigencia del público es legítima. Y desde estas tierras hidalguenses, donde el fútbol se vive con el alma, seguiremos empujando para que el Tri no solo compita… sino que gane. Porque si no, el divorcio entre afición y selección va a seguir creciendo. Y eso, compañeros, sí que duele de verdad.
Nos vemos en la siguiente. El que sigue cubriendo canchas desde hace más de treinta años.


