Cuando la legalidad empieza a negociarse
En muchos cabildos del país está ocurriendo algo….
No es falta de preparación.
No es desinterés.
Y tampoco es incapacidad.
Al contrario.
Lo he visto de cerca.
He visto la preocupación de quienes llegan al cargo con la intención de hacer las cosas bien.
La necesidad de aprender.
La urgencia de entender cómo funciona realmente el gobierno.
Y, sobre todo, la voluntad de cambiar decisiones que durante años han operado sin cuestionamiento.
Se organizan.
Construyen acuerdos.
Impulsan revisiones.
Plantean auditorías.
Buscan ejercer su voto con responsabilidad.
Durante un momento, parece que algo distinto está ocurriendo.
Pero llega el punto clave. El momento de votar.
Y entonces… silencio.
Algunas posturas se suavizan.
Algunas decisiones se reconfiguran.
Algunas voluntades dejan de sostenerse.
Lo que parecía firme, deja de serlo.
Desde fuera, la ciudadanía difícilmente alcanza a percibir qué ocurrió.
Pero dentro del ejercicio del poder, ese momento es reconocible.
Es el punto donde la legalidad empieza a ceder frente a la negociación.
Porque en el gobierno no solo opera la ley.
También opera la lógica de la gobernabilidad.
Construir acuerdos.
Evitar conflictos.
Mantener estabilidad.
Alinear decisiones.
En principio, esto forma parte del funcionamiento institucional.
El problema aparece cuando esa lógica desplaza a la legalidad.
Cuando la prioridad deja de ser lo correcto…
y pasa a ser lo conveniente.
Ahí ocurre algo silencioso, pero profundo.
El criterio jurídico comienza a diluirse.
La decisión deja de sostenerse en la norma.
Y el voto empieza a responder a acuerdos que no siempre son visibles.
Ese es el primer momento donde el poder se quiebra.
No en el conflicto.
No en la confrontación.
Sino en el instante en que la legalidad comienza a negociarse.
Y casi siempre… ocurre en silencio.
Yarely Melo


