XV años de “No mentir, no robar, no traicionar”.
Morena cumplió 15 años desde su fundación.
Lo hicieron celebrando aquella fórmula propagandística convertida por Andrés Manuel López Obrador en mandamiento político: “No mentir, no robar, no traicionar al pueblo”.
El problema de las frases hechas y absolutas, es que terminan convertidas en vara de medir para quien las pronuncia.
Y después de tres lustros de movimiento, ocho años en el poder federal y una colección creciente de expedientes, investigaciones y escándalos, el lema comienza a sonar menos como principio doctrinario y más como recordatorio incómodo.
Verbigracia:
Segalmex, acaso la contradicción más difícil de esconder. El organismo creado para llevar alimentos a los sectores más pobres terminó convertido en el mayor escándalo de corrupción del sexenio de López Obrador.
No es cualquier cosa el robo, la mentira y la traición: Ignacio Ovalle, antiguo secretario particular de Luis Echeverría, titular de la Secretaría de la Presidencia y después jefe de López Obrador en el Instituto Nacional Indigenista fue colocado y protegido por el propio ALMO.
La Auditoría Superior de la Federación llegó a detectar irregularidades superiores a los 15 mil millones de pesos en distintas revisiones, aunque posteriormente el gobierno reconoció como monto efectivamente desviado alrededor de 2 mil 700 millones.
Hubo contratos simulados, productos pagados y nunca entregados, inversiones en bonos de riesgo y operaciones bajo investigación.
Todo ocurrió mientras Ignacio Ovalle, padrino político de López Obrador, dirigía el organismo.
Varios subordinados acabaron procesados; Ovalle no. AMLO sostuvo que “había sido engañado”, hágame el favor.
No es corrupto, solamente es imbécil, como el propio AMLO, como exgobernadores y exfuncionarios que permitieron el saqueo en sus narices.
Y entonces apareció el huachicol fiscal. Ya no aquel campesino perforando un ducto, sino barcos, aduanas, empresas importadoras, documentos falsos y millones de litros introducidos al país evadiendo impuestos.
Para 2026 existen al menos cuatro grandes investigaciones judicializadas y una de las principales alcanza a mandos de la Secretaría de Marina.
Las gubernaturas no quedaron fuera del catálogo. El caso más explosivo es el de Rubén Rocha Moya, quien solicitó licencia en Sinaloa después de que autoridades estadounidenses formularan acusaciones por presuntos vínculos con grupos criminales.
Ejemplos de la bazofia gubernamental estatal sobran: Baja California, Puebla, Tabasco, Campeche, Veracruz, Guerrero, Michoacán.
Pero ningún asunto resulta tan escandaloso e incómodo para el obradorismo como los escándalos de los hijos del expresidente.
José Ramón López Beltrán, lleno de cinismo, y la llamada Casa Gris de Houston, propiedad de un entonces ejecutivo de Baker Hughes, contratista de Pemex. Después llegaron Andrés Manuel “Andy” y Gonzalo “Bobby” López Beltrán, junto con el nombre de su amigo, el empresario Amílcar Olán.
En el caso de Andy, los señalamientos crecieron todavía más con investigaciones sobre huachicol fiscal, aunque la FGR ha hecho lo imposible para defenderlo.
Ese es quizá el verdadero problema de celebrar quince años repitiendo “No robar, no mentir, no traicionar”. Morena llegó al poder asegurando que la corrupción se acabaría prácticamente por voluntad presidencial, porque —decía López Obrador— se barría como las escaleras: de arriba hacia abajo.
Quince años después, la corrupción los corroe.
En Hidalgo no estamos exentos: la “Estafa Siniestra”, cuya tesis es el saqueo descarado del erario estatal por parte de exalcaldes y excolaboradores del entonces gobernador Omar Fayad (por supuesto sin que él tuviese conocimiento alguno, lo engañaron).
Después, varios de ellos, ya incrustados en Morena para seguir “la transformación” y dar el ejemplo de cómo contravenir el eslogan lopezobradorista.
No robar. No mentir. No traicionar… salvo que sea de los nuestros.


