Suponiendo…sin conceder.

Resulta ya una necedad patológica la intención del régimen de censurar, a como de lugar, a los medios y periodistas independientes (no a los youtuberos paleros del poder) para no recibir una sola, una, así sea ínfima, crítica.

 Como en la célebre novela de John Kennedy Toole, donde el protagonista, Ignatius J. Reilly, contempla el mundo desde la certeza absoluta de que él posee la inteligencia suficiente para clasificar a los demás. 

La humanidad está equivocada; él no. Los otros son vulgares, incompetentes o idiotas. Ignatius sólo necesita observarlos, interpretarlos y colocarles la etiqueta correspondiente.

Al Consejo General del INE, y a sus superioridades, se le ocurrió algo parecido.

Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión impugnó el invento y señaló lo elemental: esos criterios descansaban en apreciaciones subjetivas y podían inhibir el ejercicio periodístico. Porque informar no consiste solamente en recitar hechos con la solemnidad de quien lee el parte meteorológico. El periodismo cuestiona, interpreta, confronta contradicciones y, cuando resulta pertinente, utiliza ironía, sátira, parodia y sarcasmo.

Eso suele incomodar al poder.

Precisamente para eso sirve. ¡Para eso es! 

Guadalupe Taddei, seriamente comprometida con el régimen, defendió que se trataba de una herramienta técnica de observación y que el Instituto no se convertiría en revisor de contenidos periodísticos.

Sin embargo, sí podría servir para que cualquier candidato o candidata tome ese monitoreo como evidencia para promover acciones en contra de quien ose a ironizar sobre cualquier candidato o candidata. 

Una maravilla burocrática que consiste en haber inventado un mecanismo capaz de registrar hasta lo que implícitamente quiso decir un periodista.

Al final, el TEPJF borró la Variable 14. Otra necia intentona de callar críticas por insignificantes que sean.

Porque si hubiera sobrevivido, alguien tendría que clasificar esta columna.

¿Ironía?

¿Sarcasmo?

¿Minimización?

¿Descalificación implícita?

Quién sabe.

Afortunadamente, ya no habrá un burócrata electoral encargado de decidirlo.

Y ésa, aunque al Consejo General del INE pudiera parecerle una insolencia, se llama libertad de expresión.

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