PT y Morena, dos años de pleito por la propaganda.
Nada más deseable que dos instituciones políticas luchen, con denuedo y sensatez, por convencer a la población de que la ideología que esgrimen es la mejor para el correcto desarrollo de un pueblo.
Pueblo en el sentido jurídico, no demagógico, como el conjunto de personas que habitan un territorio, en quienes reside la soberanía nacional y del que emanan los poderes del Estado.
Ese sí sería un sistema político “como el de Dinamarca” (acudiendo al clásico demagógico): aplicado en mejorar las condiciones de vida de nosotros, los gobernados.
Ese idealismo utópico palidece de vergüenza cuando vemos a dos partidos políticos, en Hidalgo, peleando la maternidad – que no paternidad, mucho más fácil de adoptar– de frases propagandísticas, cuya esencia y sentido es únicamente manipular “al pueblo”, ya en el sentido político.
Hoy, hace dos años, el Instituto Electoral del Estado de Hidalgo (IEEH) resolvió que el Partido del Trabajo debía eliminar toda clase de publicaciones que esgrimieran el eslogan “4T, y Cuarta Transformación”.
Lo que el partido de la estrella cumplió, no sin antes recriminar a Morena por agenciarse tan profundos conceptos de esa amplia ideología de convencimiento y manoseo electoral.
En puerta de otro proceso electoral, ese pleito demagogo y retórico tendrá, sin duda, una reedición más.
Nadie, que se sepa, ha visto a dirigentes partidistas preguntar en las colonias y los barrios, de ningún lado, los pareceres de ese ente etéreo llamado pueblo, para construir una narrativa que devenga en la forma de vida de las futuras generaciones.
No, el pleito narrativo tiene solo un origen y un fin.
Para ganar elecciones y obtener un pedazo de poder y de dinero, son capaces de eso y más.


