¿Qué pasa con el INE?
La sombra de la sospecha, la posibilidad de que se haya hecho una (otra) trampa para integrar un árbitro electoral absolutamente afín y parcial a una fuerza política parece ser una certeza.
El diario Excélsior, la periodista legislativa Laura Brugés y más especialistas electorales documentaron cómo, de 100 aspirantes que avanzaron a entrevistas para ocupar tres vacantes en el INE, se dejó fuera a varios especialistas en favor de perfiles neófitos pero afines al oficialismo.
A Morena, pues.
Como Arturo Manuel Chávez López, quien hoy funge como “director de Talleres Gráficos” (lo que sea que eso signifique) y quien antes fue asesor jurídico de la presidenta Claudia Sheinbaum en su etapa como delegada de Tlalpan y luego en el gobierno de la Ciudad de México.
Sobra decir que no cuenta con ninguna clase de experiencia o antecedentes en materia electoral.
¿Qué dirían los más importantes y duros ilustres de Morena si un funcionario tan cercano a Peña Nieto, por ejemplo, hubiese sido perfilado para el INE?
El acabose, por supuesto.
Opositores reprochan la integración y operación del comité técnico encargado del proceso, al señalar que se desconoce quién elaboró el instrumento de evaluación y quién respalda técnicamente al órgano.
Recordemos que en procesos anteriores participaba el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, además de que se destinaban recursos para contratar personal externo a la Cámara de Diputados.
Hoy, nadie sabe.
“Entre opacidad y exámenes sospechosamente perfectos, perfiles cercanos al poder avanzan mientras trayectorias independientes quedan fuera”, señaló Laura Brugés, experta en temas electorales.
Así como en la elección judicial, una chanza asquerosa por donde se le vea, parece venir la integración final del INE, en víspera de elecciones intermedias.
Ahí nada más.


