Libertad de movimiento: clave para un parto más humano

Libertad de movimiento: clave para un parto más humano

Revolución en el alumbramiento, UAEH señala beneficios del parto en movimiento

Por más de un siglo, la imagen del nacimiento se limitó a una mujer acostada siguiendo instrucciones. No obstante, una propuesta obstétrica empática busca transformar esta realidad: el parto en movimiento. Gabriela Monter Juárez, egresada de la UAEH, señala que esta práctica respeta la fisiología del cuerpo y empodera a la persona gestante.

La biomecánica de la pelvis: El secreto del movimiento

A diferencia de la postura ginecológica clásica —diseñada históricamente para la comodidad del personal de salud—, el parto en movimiento aprovecha la biomecánica de la pelvis.

Durante el embarazo, la hormona relaxina flexibiliza las articulaciones del sacro, el cóccix y los huesos coxales. Esto permite que, al adoptar posiciones como cuclillas, cuatro puntos o posición vertical, los ángulos pélvicos se ajusten y los espacios internos se amplíen, facilitando de forma natural el paso del bebé.

Beneficios directos para la salud

La adopción de esta tendencia conlleva múltiples ventajas clínicas y emocionales:

  • Menor probabilidad de cesáreas y episiotomías (cortes quirúrgicos).
  • Reducción de desgarros y del uso de anestesia.
  • Mayor rapidez en la fase de expulsión.
  • Incremento en la satisfacción y seguridad de la mujer.

¿Quiénes pueden optar por este método?

Esta libertad de elección se recomienda principalmente en embarazos de bajo riesgo. También es viable en casos con comorbilidades relativas, como diabetes gestacional o hipotiroidismo, ya que estas condiciones no afectan el acomodo físico.

Sin embargo, el método no es viable en pacientes con:

  1. Preeclampsia severa.
  2. Cardiopatías.
  3. Lesiones óseas previas (fracturas o displasia de cadera).

El factor emocional: La hormona del amor

Finalmente, la especialista subraya que el entorno es crucial. Un ambiente respetuoso y tranquilo favorece la liberación de oxitocina (la “hormona del amor”), fundamental para que el cuerpo responda eficazmente y el alumbramiento ocurra en condiciones de dignidad y empatía.

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