La simulación en el Cabildo: cuando callar se vuelve una estrategia racional

La simulación en el Cabildo: cuando callar se vuelve una estrategia racional

Por Yarely Melo Rodríguez

En teoría, el Cabildo es el espacio más importante de deliberación en un municipio. Ahí deberían discutirse presupuestos, contratos, reglamentos y decisiones que impactan directamente en la vida cotidiana.

En la práctica, muchas veces la sesión se convierte en un acto de trámite. Las decisiones llegan acordadas, los dictámenes cerrados, las votaciones previsibles.

No siempre hay ilegalidad.
Pero sí hay simulación.

Y aquí conviene mirar el problema desde otro ángulo.

Desde la teoría de juegos,  Robert Axelrod, los actores ajustan su comportamiento según los incentivos del entorno. En escenarios repetidos —como lo son las sesiones de Cabildo— las decisiones no se toman solo por convicción, sino por cálculo.

Si cuestionar implica aislamiento político, pérdida de comisiones, bloqueo de información o desgaste personal, el costo de deliberar aumenta.
Si, en cambio, votar sin discutir garantiza estabilidad, acceso y permanencia en la dinámica interna, el incentivo es claro.

Callar se vuelve racional.

La simulación, entonces, no surge porque las personas no entiendan su función. Surge porque el sistema premia la obediencia y castiga la incomodidad.

En ese contexto, el Cabildo deja de ser un órgano colegiado de deliberación y se transforma en un espacio de validación. No decide: confirma. No discute: formaliza.

Este diseño tiene efectos profundos. Desincentiva el estudio serio de los asuntos, reduce la relevancia de las comisiones y envía un mensaje implícito: cuestionar es romper la armonía.

Pero la democracia no se construye sobre armonías artificiales.

Cuando el debate se sustituye por acuerdos previos y la sesión se convierte en escenografía institucional, la democracia municipal no desaparece de golpe. Se vacía lentamente.

La teoría de juegos no justifica la simulación. La explica.

Y entenderla como resultado de incentivos estructurales permite algo fundamental: cambiar el diseño.

Si el sistema premia la deliberación informada, protege a quien cuestiona y garantiza información oportuna, el cálculo racional cambia. Entonces deliberar vuelve a ser la mejor estrategia.

Un Cabildo fuerte no es el que vota rápido.
Es el que analiza, discute y modifica.

El día que callar deja de ser la opción más cómoda,
la democracia local empieza a fortalecerse y en ese momento empieza a cambiarse el juego. 

Yarely Melo Rodríguez

administrator

Noticias Relacionadas