Columna: De la Cuna a la CanchaPor Ricardo Zárate

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CHILENA NO, HUGUIÑA.

Hay jugadas en el futbol que valen el boleto por el simple espectáculo de ver a un jugador volar por los aires. Hablo de ese remate de espaldas a la portería, donde el delantero se tira una pirueta en el aire y le pega al balón por encima de la cabeza, totalmente a ciegas.

La historia dice que esa jugada nació hace más de cien años en las canchas de Chile y por eso todo el mundo la conoce como “chilena”.


Una cosa es haber inventado el recurso y otra muy diferente es dominarlo a tal grado de volverlo una marca registrada.

A diferencia de la “tijera”, donde el jugador remata de lado y viendo hacia la portería, el remate de espaldas requiere una noción del espacio impresionante. Muchos futbolistas la han intentado por pura desesperación o suerte. Cracks como Pelé le dieron elegancia y Cristiano Ronaldo metió un golazo inolvidable de ese tipo en la Champions League, pero solo hubo un jugador que convirtió esa pirueta en un recurso de todos los días.


Ese hombre fue Hugo Sánchez. El delantero mexicano no metió un gol de pura casualidad; se quedaba después de que sus compañeros terminaban su entrenamiento y practicaba el salto una y otra vez hasta volverlo perfecto.

En la liga española, una de las más duras del mundo, Hugo firmó 15 goles oficiales de esa forma a lo largo de su carrera, diez de ellos con la camiseta del Real Madrid. Imposible olvidar aquel golazo contra el Logroñés en 1988, que hasta la fecha sigue saliendo en las televisiones de todo el mundo. Ningún otro delantero en la historia del fútbol profesional ha metido tantos goles así.


En España la gente lo reconocía y los periódicos de la época, como Marca, comenzaron a llamarle “la Huguiña”. Renombrar esta jugada no es una necedad ni un capricho; es darle a Hugo el crédito que se ganó a pulso en la cancha. Si el propio Hugo ha pedido que se le reconozca de esa forma, tiene toda la razón. Nadie más en la historia del futbol le dedicó tanto trabajo a esa jugada hasta volverla su sello personal.


El futbol muchas veces se olvida rápido de sus figuras, pero el lenguaje tiene que ser justo con los mejores. Seguir llamándole “chilena” a algo que Hugo Sánchez perfeccionó y convirtió en arte se queda corto. La jugada tiene nombre y apellido, y es momento de que todos le empecemos a decir como se debe: la Huguiña.

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