Suponiendo…sin conceder.

Suponiendo…sin conceder.

La leyenda negra de que los árbitros favorecen al América, equipo de futbol profesional más ganador en México, suele ser mencionada por los antiamericanistas a la menor provocación, sin argumento alguno más allá del odio que irradian y, desde luego, sin prueba alguna.

Caso contrario ocurre con el árbitro electoral, cuyas acciones para favorecer al partido en el poder son cada vez más profusas, arbitrarias y abundantes.

La Comisión de Quejas ordenó a Alejandro Moreno retirar publicaciones en las que utilizó expresiones como “narcopartido” para referirse a Morena. La medida cautelar fue aprobada por sus tres integrantes y fijó un plazo para eliminar los contenidos.

La diligencia institucional contrasta con otro debate que lleva meses instalado frente a sus propias oficinas: las acusaciones sobre promoción política anticipada de personajes de Morena. 

Andy Manuel López Beltrán ha sido señalado públicamente ante el propio Consejo General por actividades que sus críticos consideran una campaña adelantada; el INE ha reconocido, además, que corresponde a las autoridades electorales analizar cada denuncia y determinar si una conducta rebasa los procesos políticos internos. 

Andrea Chávez y otros aspirantes morenistas forman parte igualmente de una discusión pública sobre recorridos, promoción personalizada y posicionamiento rumbo a futuras candidaturas. 

Que existan esos señalamientos no significa que las infracciones estén jurídicamente acreditadas; precisamente para eso está el árbitro electoral. 

Lo llamativo es la diferencia entre la contundencia observable cuando hay publicaciones concretas que retirar y los tiempos necesariamente más largos —y políticamente mucho más visibles— cuando se investigan posibles actos anticipados.

Así que, así se siente no irle al América, pero con pruebas.

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