Por: Ricardo Zárate Ramírez
Con el orden, llegarán más medallas.
En el deporte mexicano existe una práctica frecuentemente señalada pero pocas veces analizada a fondo: el éxito de fachada en el medallero nacional a costa de atletas formados fuera de la entidad. Hidalgo no se queda al margen.
A lo largo de los años, la prensa especializada y la comunidad deportiva local nos hemos opuesto a este esquema repetitivo: deportistas nacidos y entrenados en otros estados que terminan subiendo al podio vistiendo nuestros colores.
El malestar es comprensible y directo, pues se percibe como una simulación ajena a la realidad que se vive en las canchas y unidades deportivas de nuestros municipios. Sin embargo, quedarse únicamente en el reclamo impide ver los dos factores de fondo: la necesidad del atleta por conseguir respaldo institucional y la ansiedad de las dependencias por presentar números positivos.
El cuestionamiento principal recae siempre en la dirección del Instituto Hidalguense del Deporte (INHIDE).
Actualmente, con Óscar Pérez Rojas al frente, las críticas cobran más fuerza debido a su peso como figura del deporte nacional.
La labor informativa exige revisar bajo qué argumentos se presume el triunfo de un deportista cuyo proceso de entrenamiento ocurrió a cientos de kilómetros de aquí, financiado por otra entidad y respaldado por familias y entrenadores ajenos a la estructura local.
Cuando las autoridades intentan “colgarse las medallas”, caen en la vieja práctica de maquillar las cifras para entregar buenas cuentas al gobierno en turno y justificar el gasto. Se prefiere la foto del momento antes que la planeación a largo plazo.
Para entender el panorama completo, también corresponde revisar las condiciones en las que arrancó la actual gestión.
Plan Estatal de Desarrollo.
Al comienzo de la administración del gobernador Julio Menchaca Salazar, el Plan Estatal de Desarrollo estableció la urgencia de aplicar transparencia y rendición de cuentas en beneficio de la juventud. No obstante, los primeros pasos no cumplieron esas metas. El periodo inicial del boxeador Pipino Cuevas dejó un saldo negativo y un abandono técnico-administrativo que obligó a su salida a finales de marzo de 2024.
Tras ese tropezón y un mes con el puesto vacante, la llegada de Pérez Rojas en mayo de 2024 asumió el reto de reconstruir el deporte estatal. Los datos obtenidos por la vía de la transparencia confirman que el esfuerzo inicial se concentró en la parte administrativa: el INHIDE acumulaba más de 40 juntas de gobierno pendientes y dos años de retraso en la entrega de becas para los atletas locales.
Ordenar las finanzas, actualizar los padrones mediante el Registro Estatal del Deporte y resolver las observaciones ante la Auditoría Superior del Estado de Hidalgo (ASEH) permitieron cimentar la base indispensable para devolver la certidumbre a la institución.
A pesar de este orden interno y de la regularización de 15 asociaciones deportivas mediante un Comité Colegiado, la gestión ha enfrentado severas críticas. Durante el reciente Mundial de Fútbol, un sector de la comunidad deportiva señaló las ausencias del director y su papel como analista en televisión.
Para una parte de la ciudadanía, esto se entendió como una desatención al deporte local, derivando en reclamos que hoy exigen al funcionario demostrar con hechos que su prioridad está en el estado y no en los reflectores mediáticos, aun cuando su labor en los medios contó en su momento con el aval institucional.
A este escenario se sumaron, tras el cierre de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, voces que acusan a la dirección de atribuirse logros ajenos. Sin embargo, la información oficial de transparencia demuestra lo contrario: el boxeador Javier Cruz —medallista de plata en la justa— y el taekwondoín Uriel Gomeztagle integran un programa de becas cuyos montos se duplicaron en este periodo.
De igual forma, el ciclista Edgar Cadena y la tenista Carolina Millán cuentan con respaldo institucional. Los datos muestran que los apoyos existen y se entregan.
El problema de fondo no es otorgar un apoyo extraordinario a deportistas foráneos de alto nivel que buscan la infraestructura que les negaron en sus lugares de origen.
El riesgo real es que las medallas importadas funcionen como una cortina de humo que oculte el trabajo pendiente en la base. Hidalgo no compite con los presupuestos de gigantes como Jalisco o Nuevo León, por lo que evaluar la labor de Óscar Pérez requiere reconocer que sanear la administración era un paso urgente.
Sin embargo, con las cuentas al día, el margen de espera se agota. El verdadero desarrollo del deporte hidalguense no se logrará en los foros de televisión ni se obtendrá negociando con delegaciones externas para abultar un informe de resultados. Si el titular del deporte busca que su paso no sea el de un simple administrador temporal, debe entender que los resultados reales se consiguen en el terreno.
La política deportiva del estado no puede limitarse a Pachuca ni a unos cuantos municipios; la deuda del INHIDE abarca a las 84 demarcaciones de la entidad. El desafío para el resto del sexenio es articular un trabajo que llegue a las comunidades más alejadas y rescatar los semilleros locales.
No se trata de organizar torneos esporádicos o activaciones físicas para la foto de fin de semana, sino de establecer escuelas de iniciación permanentes, capacitaciones para entrenadores, fogueos regionales y visores que eviten la fuga de talento.
He platicado en diferentes ocasiones con el director general del INHIDE, a quien prefiero llamar por su nombre y no por su famoso apodo de la cancha, y sé que su prioridad es dar resultados históricos.
Tiene ante sí el escenario clave para pasar de ser un referente de la cancha a convertirse en el articulador de una estructura deportiva sólida en Hidalgo. El objetivo final de su gestión no debe ser la foto en los próximos Nacionales CONADE, sino construir una base tan firme que sus frutos trasciendan en los años por venir.
Para aquellos que operan los departamentos dedicados a la promoción y captación de talentos, el mensaje debe ser claro: busquen menos los reflectores personales y ayúdenle a Óscar Pérez a gestionar más infraestructura, tanto humana como técnica, para las disciplinas que entregan resultados reales. Esa es la única fórmula para que el orgullo deportivo de Hidalgo sea auténtico y pertenezca, por fin, a nuestra gente.


