La “oposición”, como en la película A Toda Máquina:
Célebre la escena entre Luis Aguilar y Pedro Infante, quienes, en su intento de atravesar “la casa en llamas”, casi se matan entre ellos.
Ya lo había advertido uno de sus compañeros motociclistas: “se van cerrando el paso, se van a matar”, y otro, harto de tantos desfiguros, exclamó con febril honestidad: “¡que se maten!”.
Y cuando se les preguntó qué fue lo que ocurrió, respondieron al alimón: “yo me le di un cerrón a este”.
Pues así, idénticos, son los opositores al régimen en México.
A nivel nacional, Alejandro Moreno, presidente del PRI, pelea en redes con Juan Zavala, miembro de la dirigencia de Movimiento Ciudadano.
Nada nuevo.
En Hidalgo, la senadora Carolina Viggiano denunció un uso de instituciones en contra de la oposición y advirtió que “no nos van a callar”.
La priista aseguró que no tiene miedo y anticipó que podrían utilizarse instituciones de justicia contra ella y la dirigencia del PRI en Hidalgo. ¿Algún otro opositor hizo eco? Por supuesto que no.
El dirigente estatal, Marco Mendoza, afirmó que el partido apostará por una estrategia territorial y descartó que su principal alianza electoral sea “con otras fuerzas políticas”.
El PRI, zarandeado por sí mismo desde hace años, continúa con ese canibalismo discreto, no permite crecer sus pocos cuadros destacados que terminan huyendo o condenados al ostracismo.
Priistas y panistas suponen que podrían lograr algo cada uno por su lado y tienen razón: sus dirigencias lograrán posiciones políticas, pírricas, pero que garantizarán su supervivencia.
¿Qué más? ¿Algo más sustancial? No, y no les importa.
No transigen con los postulados (esa mescolanza amorfa llena de expriistas con que se han construido) de Morena en el Gobierno pero prefieren no dejar pasar a otro opositor en lugar de frenar al que califican como mal gobierno.
Podrán negarlo, pero no pueden ocultarlo.


