A un año de “las manos ciudadanas” en el berrinche de la Reforma Judicial.
Ayer, de madrugada, luego de una discusión de poco más de 15 horas, la Cámara de Diputados aprobó en lo particular la reforma constitucional por la que se posponen las elecciones del Poder Judicial para junio de 2028.
Se avaló que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se integre por dos secciones, las cuales funcionarán únicamente bajo la aprobación del Pleno, eso que ya había sido eliminado.
Una burla, una grotesca burla.
Hace un año, desde Hidalgo, el gobernador Julio Menchaca celebraba la elección popular de jueces, magistrados y ministros como una “sacudida al Poder Judicial Federal” y confiaba en que las “manos ciudadanas” transformarían una institución señalada durante años por corrupción, privilegios y lejanía con la sociedad.
La apuesta era llevar la justicia a las urnas y convertir al voto en el mecanismo de legitimación de quienes imparten justicia.
Doce meses después, el balance dista mucho de aquella narrativa.
La elección judicial de 2025 terminó marcada por una participación ciudadana que apenas rondó entre el 12 y 13 por ciento de la lista nominal, una cifra que reflejó desinterés, desconocimiento y confusión entre el electorado.
La promesa de “democratizar la justicia” resultó en un fiasco monumental.
Las campañas estuvieron rodeadas de cuestionamientos sobre los mecanismos de selección de candidaturas, el uso de tómbolas, la descarada cercanía política de diversos aspirantes con Morena y la ausencia de condiciones que garantizaran una competencia verdaderamente independiente.
Lo más revelador es que, apenas un año después de aquella reforma presentada como histórica por Andrés Manuel López Obrador, el propio oficialismo ha tenido que regresar al Congreso para corregir aspectos centrales del modelo.
La reforma judicial nació más del conflicto permanente entre López Obrador y la Suprema Corte que de una construcción institucional consensuada.
El berrinche presidencial ha costado muy caro a sus promotores pero, lastimosamente, también “al pueblo”, ese que usan a placer para sus intereses personales.
Aquellas “manos ciudadanas” de las que hablaba Menchaca terminaron participando de manera marginal en un proceso que nunca logró despertar entusiasmo social.
Sí, la lopezobradorización del Poder Judicial.


