La pléyade morenista comienza su acomodo.
Militantes, dirigentes y estructuras territoriales de Morena en Hidalgo se reunieron en Pachuca para llevar a cabo una “Asamblea Organizativa” en la que se presentaron las tareas y la ruta de trabajo del partido rumbo a los procesos políticos de 2026–2027.
La asamblea reunió a estructuras seccionales, esas que costaron sangre, sudor y lágrimas al presidente del partido, Marco Rico, en varios puntos del estado, y los comités de defensa de la transformación para definir la estrategia territorial.
Entre los asistentes hay ánimo positivo, sobre todo entre los que se saben bien posicionados pero están conscientes que “no les toca” todavía, pero muy pronto, como Jorge Reyes, Andrés Velázquez, Natividad Castrejón, Ricardo Crespo.
Están a la expectativa sin comer ansias o, como dice Él, sin abrazar vulgares ambiciones.
Entre los ausentes también hubo señales. Uno de los asistentes, con la condición del anonimato, se refirió a esos ausentes, por ejemplo: Guillermo Olivares, cada vez más acotado y a quien parece costarle lo indecible no confrontarse con todos.
De Miguel Tello, un “chivo en cristalería” que mete y se mete en líos cada vez que intenta poner en práctica sus grandes iniciativas.
De Cuauhtémoc Ochoa, entre quienes están con un pie en la línea del deslinde de Morena, en caso de ser necesario, para atender su muy particular proyecto y no necesariamente el del movimiento al que “pertenece”.
Entre las aspirantes mujeres, de entre quienes saldrá la próxima candidata a gobernadora, aplicó aquella célebre cita sevillana inmortalizada por un exgobernador de tristes recuerdos: “Paciencia, prudencia, verbal continencia, dominio de ciencia, presencia o ausencia, según conveniencia”.
Bien, muy bien.


