Entre denuncias y descrédito, Ana Parra, más escándalos que recomendaciones.
Poco le sirvió la “cortina de humo” que significó la recomendación contra el alcalde de Epazoyucan.
Cuando un órgano autónomo encargado de defender derechos humanos se convierte en protagonista constante de controversias, el problema deja de ser personal y se vuelve institucional.
Ana Karen Parra sumó otro escándalo más y, en su intento de defensa, trató de convencer y convencerse de que había “alguien” que trata de “desestabilizar a la Comisión”.
No, el problema es ella. La CDHEH tiene y ha tenido personal capaz y profesional. Siempre.
Ana Parra se une a los líderes del organismo que le han quedado muy, pero muy pequeños a su personal.
La presidenta de la Comisión enfrenta ahora un nuevo frente: la posible presentación de una denuncia en su contra por presunta violencia institucional, abuso de autoridad y discriminación, anunciada por la activista Haidee Franco Moreno, quien además ya logró que el Órgano Interno de Control iniciara el expediente CDHEH-OIC-INV-05/2025.
No es menor que una ombudsperson sea señalada por obstaculizar una investigación interna y negarse a entregar un expediente.
Tampoco es menor que una activista con asilo político internacional la acuse de revictimización y exposición indebida de información reservada.
Más grave aún sería —si se acredita— el uso del cargo para desacreditar públicamente a una persona que acudió al organismo en busca de protección.
La presidencia de la CDHEH no es un cargo político ordinario; está regida por principios claros: legalidad, imparcialidad, objetividad, profesionalismo y máxima protección a las víctimas.
Lo establecen la Constitución local y la propia Ley de Derechos Humanos del Estado.
El estándar ético debe ser más alto que el promedio, no más bajo.
Y Ana Karen Parra ha demostrado, denodada y constantemente, no estar a esa altura.



