El Artículo 62 de la Constitución Política del Estado de Hidalgo es claro.
Ante la necedad, la ley:
“La elección del Gobernador será directa, secreta, uninominal y por mayoría en todo el territorio del Estado, en los términos de la Ley de la materia. Los partidos políticos deberán alternar el género en la candidatura para cada periodo electivo.”
La palabra clave es “deberán”. No dice “podrán”. No dice “procurarán”. No deja margen de interpretación política coyuntural. Es una obligación jurídica.
La reforma fue publicada en el Periódico Oficial el 7 de septiembre de 2021 y entró en vigor al día siguiente. Además, el artículo transitorio segundo no deja espacio a dudas: para el proceso 2021-2022 se permitió una convocatoria abierta a ambos géneros, pero expresamente se estableció que para el siguiente periodo electivo deberán alternar el género.
Es decir: la regla de alternancia no es optativa. Es vinculante.
La paridad de género dejó de ser bandera retórica hace años. Está consagrada en el artículo 41 de la Constitución Federal, en la jurisprudencia del Tribunal Electoral y en la arquitectura electoral del país. Hidalgo no es excepción.
La alternancia en la candidatura a la gubernatura es un mecanismo concreto para garantizar que el acceso al poder ejecutivo no quede atrapado en inercias y ambiciones históricas masculinas.
No es una concesión, es una medida correctiva constitucionalmente válida.
Morena debe postular a una mujer.
El Partido del Trabajo debe postular a una mujer.
El Partido Nueva Alianza debe postular a una mujer.
El PVEM debe postular a una mujer.
Quienes hoy intenten argumentar que la alternancia “viola derechos” omiten que la propia reforma estableció que su aplicación no supondría transgresión a derechos constitucionales o convencionales, el Legislador local ya ponderó ese debate.
La política no puede estar por encima de la Constitución.
Si en el próximo proceso electoral corresponde postular a una mujer, no estamos ante un dilema interno de partido, es una obligación legal.
Desconocerlo es desacato constitucional, nada más.
La alternancia es una regla del juego democrático. Y en democracia, las reglas no se modifican cuando incomodan a quienes detentan poder o aspiran a él.
Hubo una voz insensata y arbitraria que dijo: “no me vengan con que la ley es la ley”. Eso no se puede permitir ni una vez más.
Hubo una voz, por el contrario, sensata y objetiva que dijo: “si no les gusta la ley, cámbienla, pero no la violen”.
Cómo se le extraña.


