La “publicidad buena” y el ejemplo del gobernador.
En una anterior entrega de esta columna, alimentada con la conversación con un miembro del gabinete del gobierno de Hidalgo, señalé que el gobernador Julio Menchaca Salazar se dedica a trabajar, sin sumarse, colgarse o asumirse como un militante rijoso y demagogo como muchos de sus homólogos.
En la conversación se comentó que el mandatario estatal cuenta tras de sí con una carrera pública de cerca de cuatro décadas, excenta de escándalos mediáticos y de casos de corrupción.
El único escándalo, recordamos, que se le pretendió imputar, resultó una patraña pergeñada desde el gobierno de ese entonces y que se desveló como una falsedad gracias a periodistas profesionales que no se sumaron a un acto de linchamiento.
Una carrera política ejemplar de larga data a pesar de los escollos naturales que se presentan a lo largo de la carrera “steeplechase” que significa la política.
Coincidí con el funcionario con que departía en que es una verdadera lástima que, actualmente, existan políticos con más escándalos que cargos públicos.
Con más rencillas con la lógica y el sentido común que años trabajados.
Es una lástima que se empeñen en no seguir el ejemplo de su jefe, quien evidentemente no es partícipe de ese bulo mental que simplifica la inteligencia al suponer que no hay publicidad “buena ni mala”, sino solo publicidad.
Eso es falso: la “publicidad mala” se llama estupidez.
La “publicidad buena” se llama prestigio.
Y ese se construye con años de trabajo y, sobre todo, inteligencia.


