Morena, Verde y PT, alianza con calzador.
En Hidalgo, como en algunos otros estados, esa alianza electoral pende de un hilo.
En los hechos, personajes políticos del Partido Verde, histórica rémora de partidos poderosos, y del Partido del Trabajo, buscan caminos alternos y sinuosos para reventar esa coalición.
No transigen con la candidatura femenina que ha determinado consagrar el partido grande: Morena.
Tienen sus propios intereses, que no convicciones, para intentar llevar al poder a personajes como Cuauhtémoc Ochoa en el PVEM y Damián Sosa en el PT.
Ayer, las dirigencias nacionales de Morena, PT y el Verde Ecologista, hicieron público un comunicado que se vendió como una reafirmación de unidad rumbo al proceso electoral de 2027.
Con titulares grandilocuentes y sellos oficiales, las tres fuerzas políticas aseguraron que “la transformación está más fuerte que nunca”, que refrendan “la unidad política de la alianza rumbo al 2027” y que ratifican su apoyo a Claudia Sheinbaum Pardo, “la más votada de la historia del país” y actual presidenta de México.
Pero, a contrapelo de las firmas y las declaraciones formales, la realidad política que se vive en varias entidades de la República —incluido Hidalgo— pinta un cuadro mucho más complejo: una alianza en tensión, fracturada por intereses locales, la repartición de candidaturas y, sobre todo, por la controvertida reforma electoral impulsada por el propio gobierno de la Cuarta Transformación.
En estados como Veracruz, San Luis Potosí, Quintana Roo, Michoacán, Guerrero, Zacatecas, Oaxaca, Sonora y Morelos, se han registrado tensiones severas entre las dirigencias locales de Morena, PT y PVEM por la distribución de candidaturas y el peso político de cada fuerza de cara a 2027
Privilegios, antes de convicciones.
O como dicen que decía el célebre comediante estadounidense Groucho Marx: “Estos son mis principios, y si no les gustan, tengo otros”.
Y eso que no conocía a la entomología política mexicana.


