Suponiendo… sin conceder

Suponiendo… sin conceder

El “Mayo” y el “No pago para que me peguen”, versión pueblerina

A propósito de la detención, o dimisión voluntaria, del “jefe de jefes”,el narcotraficante Ismael “Mayo” Zambada en territorio estadounidense, surgió en la conversación virtual el recuerdo de la entrevista que le hiciera al capo, en sus terrenos y bajo sus condiciones, el periodista Julio Scherer García.

El histórico semanario Zeta, de Tijuana, confirmó la detención del “Mayo” Zambada, en los Estados Unidos.

«Si me atrapan, o me matan, nada cambia», dijo el narco a Julio Scherer, en esa entrevista.

El exdirector de Excélsior y fundador de Proceso, con los asegunes de una persona tan humana como cualquiera, es el periodista más reconocido de los últimos 70 años, junto con el hidalguense Miguel Ángel Granados Chapa, con quien dejó una escuela de periodismo que, además de los tecnicismos del oficio -o profesión, según los menos románticos- despliega una natural rebeldía hacia el poder y quienes lo detentan.

En cualquier nivel.

Entre las evocaciones más recurrentes de ambos personajes, está la que protagonizaron con el entonces presidente de la República, José López Portillo, quien, en las postrimerías de su desastroso gobierno, como una baja revancha, ordenó el retiro de la publicidad oficial a la revista Proceso, y acuñó esa tristemente célebre frase, ejemplo de miseria humana e intelectual: «No pago para que me peguen».

La esencia de esa frase, que demuestra la pequeñez y talante mezquino de quien la expresa, remite a un ser acomplejado que, aturdido por un pequeño coto de poder, asume que los asuntos públicos son de carácter no solo privado, sino personal.

Asume, en esa estrechez intelectual, que la retribución a un servicio de difusión de cualquier medio de comunicación, además del presupuesto público, es el abyecto silencio, cómplice, además, que convierte en comparsa de ese pequeñísimo -o enorme, dependerá de las circunstancias- poder que detenta, temporal y penosamente.

A partir de ese pensamiento, por llamarle de algún modo, acogido como filosofía por hombres -las mujeres son de mente mayor- mendigos de moral, la relación poder-prensa se convirtió en una batalla.

No importa el tamaño del medio, o del periodista, el problema siempre es igual.

No importa, tampoco, el tamaño del “poderoso”.

Finalmente, como sea y dónde sea, su talante y miseria siempre es igual.


**Las expresiones contenidas en estas líneas, son opinión de ellas, y por lo tanto, no representan la postura editorial de CentralMX.

Síguelo por X:

administrator

Noticias Relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *