Entre el INE y el ministro chicharrón, ni a cuál irle
El “Ministro chicharrón” un candidato a ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que dice estar mejor preparado que cualquier chicharrón de plaza pública y “Dora la Transformadora”, una candidata que asegura ser la encarnación de cualquier transformación posible, son dos ejemplos precisos y preciosos del circo de burla y payasadas que es la elección judicial.
A esa altura de miras habrá que sumarle la interpretación del Instituto Nacional Electoral, quien al menos en Hidalgo -aunque se entiende que es la regla a nivel nacional- a través de la consejera presidenta Refugio García López, señaló que los medios de comunicación “deben ser imparciales”, y asegurar que cada candidatura reciba “la misma difusión”.
¿En qué redacción recibiría la misma difusión un mamarracho como el “ministro chicharrón” y algún otro, que por ahí posiblemente exista, que tome con seriedad, en la medida que se pueda hacer con este experimento burlesco, su campaña y trate de exponer sus ideas, propuestas y posturas respecto a su aspiración para pertenecer al Poder Judicial Federal?
De no existir una difusión uniforme, aseguró García López, “se prestaría a una interpretación” de existir alguna pauta publicitaria, a lo que están impedidos los candidatos y candidatas.
Es decir, el INE va a interpretar, con criterios absolutamente arbitrarios, si un medio de comunicación considera, o no, periodísticamente valiosa la propuesta o intervención de alguna candidatura.
Y si, en el ejercicio de su irrestricta y constitucional libertad editorial, decide publicar la actividad de alguna candidata o candidato a alguno de los cargos, tendrá forzosamente que buscar al resto de contendientes para darles la misma cobertura, aun sin haber algún criterio informativo que lo justifique.
Porque si no, pues “se puede interpretar” que existe alguna pauta publicitaria, incluso sin haberla, lo cual significará una multa para el medio de comunicación que ejerza su trabajo conforme le dé la gana, porque para eso existe la libertad de expresión y la libertad editorial.
Ante esa circunstancia, que vayan, en bíblica paradoja, al diablo las candidatas y los candidatos.
Y que Dios los acompañe.
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