Discriminación en México: un problema que crece y se viraliza
De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la era de las redes sociales, los apodos de “Lord” o “Lady” se han convertido en la etiqueta digital para exhibir a ciudadanos captados en actos de agresión, clasismo o racismo. Casos como el de #LadyRacista, una modelo que agredió verbalmente a policías con insultos discriminatorios, son solo la punta del iceberg de una violencia verbal y simbólicaque, según especialistas, está lejos de erradicarse.
La exclusión como mecanismo de control
Para la especialista Natividad Gutiérrez Chong, de la UNAM, estas conductas persisten debido a la falta de esfuerzos institucionales contundentes. El racismo y el clasismo en México no solo son insultos, sino herramientas sociales para:
- Frenar la movilidad social.
- Humillar y excluir a grupos específicos.
- Mantener un sistema de castas invisible bajo la premisa de “este es tu lugar”.
Cifras en aumento: ¿Qué dice la ENADIS?
Los datos del INEGI confirman que la percepción de la discriminación en México ha empeorado. En 2017, el 20.2 % de la población mayor de 18 años declaró haber sido discriminada; para 2022, la cifra aumentó al 23.7 %, siendo las mujeres quienes más reportan estos incidentes.
Los motivos principales de agresión están ligados a:
- Tono de piel y rasgos físicos (estatura, peso).
- Forma de vestir o arreglo personal.
- Clase social y lugar de residencia.
- Creencias religiosas y opiniones políticas.
Grupos más vulnerables
El estudio revela que ciertos sectores enfrentan una hostilidad significativamente mayor:
- Diversidad sexual y de género: El 37.3 % refiere haber vivido discriminación recientemente.
- Trabajadoras del hogar: El 34.6 % percibe conductas discriminatorias constantes.
Una inercia histórica
Federico Navarrete Linares, del Instituto de Investigaciones Históricas, señala que, aunque estos desplantes de discurso supremacista resultan escandalosos por su descaro, no son sorprendentes en una sociedad tan desigual. El reto actual es romper con una inercia histórica que ha normalizado la violencia contra lo que se percibe como “diferente”.
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