Cómo se construye realmente un mal gobierno municipal
Columna: Poder con Propósito
Escribe: Yarely Melo Rodríguez
Durante las campañas municipales, casi toda la atención se concentra en una sola figura: el candidato o candidata a la presidencia municipal.
Su nombre, su rostro, su discurso.
Poco o nada se dice del resto de la planilla:
quién será síndico, quiénes serán regidores, qué experiencia tienen, qué papel jugarán en el gobierno.
Después, cuando el gobierno ya está en funciones, ocurre lo previsible:
la ciudadanía se queja de síndicos y regidores que no conocen la administración pública, que llegan por conveniencia política, que no ejercen contrapeso y que solo levantan la mano.
La pregunta incómoda es inevitable:
¿quién los eligió?
La respuesta es menos tranquilizadora de lo que parece.
No los eligió el presidente municipal una vez en el cargo.
Los eligió el sistema… y también la forma en que votamos.
En el diseño jurídico, síndicos y regidores llegan al Cabildo por el voto ciudadano, integrados en una planilla registrada por un partido o candidatura. No son cargos menores ni decorativos. Son parte del órgano colegiado que debe deliberar, autorizar, vigilar y equilibrar el ejercicio del poder municipal.
Pero en la práctica, la elección municipal se ha reducido a una lógica peligrosa:
se vota por una persona, no por un gobierno.
Los partidos arman planillas como moneda de cambio: pagos de favores, cuotas internas, compromisos previos.
Los candidatos aceptan esas planillas para no romper equilibrios políticos.
Las autoridades electorales cumplen con el registro, pero no con la pedagogía cívica.
Y la ciudadanía, cansada o desinformada, no pregunta quiénes integran el Cabildo ni qué papel jugarán.
El resultado es un gobierno colegiado débil desde su origen.
Luego viene la simulación: Cabildos que existen en la forma, pero están vaciados de contenido. Síndicos que no revisan. Regidores que no deliberan. Decisiones tomadas por inercia, no por análisis.
Y entonces, la indignación se dirige solo hacia quienes ya están sentados en la mesa, como si hubieran llegado por generación espontánea.
Este no es un reproche ciudadano. Es una advertencia democrática.
Mientras sigamos votando como si el municipio fuera una presidencia unipersonal, seguiremos gobernados por Cabildos que no funcionan como órgano, sino como acompañamiento.
La democracia municipal no falla solo por malos funcionarios.
Falla cuando nadie quiere mirar el diseño completo.
Entender quién elige a los síndicos y regidores, y por qué llegan quienes llegan, no es un asunto técnico.
Es una condición mínima para dejar de quejarnos siempre del mismo resultado.
Porque un mal gobierno municipal no se improvisa.
Se construye, paso a paso, desde la campaña.
Yarely Melo Rodríguez


