El Correo de las Brujas.

El Correo de las Brujas.

Las dependencias del gobierno estatal sufren lo indecible con las acciones del “pueblo bueno y sabio”. 

Que ya se sabe que esa patraña electorera es una verdadera falacia, pues lamentablemente la realidad indica que el grueso de la población, o sea del pueblo, ni es buena ni mucho menos sabia. 

Por el contrario, se compone de gente sin educación ni sabiduría que tiran basura en el campo y provocan incendios, o tiran basura en la calle y provocan inundaciones.

Y ahí tenemos a las autoridades que sufren para apagar incendios y desazolvar calles. 

Porque el único que le entró al toro por los cuernos y fijó una postura clara respecto de ese espectáculo sanguinolento fue el gobernador del estado, Julio Menchaca. 

Pero quienes han preferido ver los toros desde la barrera, sin arriesgar nada y quedando bien con todos son los secretarios de Cultura, Neyda Naranjo y de Desarrollo Económico, Carlos Henkel, pues solo divagan evidenciando sus nexos con empresarios o promotores taurinos, o su gusto por ir a los tendidos a tomar vino y selfies.

Pero quienes deberán darle la puntilla al show de tres tercios son las y los legisladores, pues en sus manos está la iniciativa que pondrá fin a las corridas de toros en Hidalgo.

Y así pasarán a la historia, una de dos: por la puerta grande o escuchando pitos. 

Otro de los “petates del muerto” además del “arte y cultura” y el “motor económico” con el que los promotores del negocio taurino pretenden espantar es la mendaz vacilada de la “extinción del toro”.

El fin último de un burel es el consumo humano, para ello los ganaderos han dispuesto un método de crianza altamente especializado.

El becerro nace en libertad dentro de grandes extensiones. Permanece con su madre entre 6 y 8 meses. Se alimenta de leche materna y empieza a pastar. Crece en condiciones naturales, sin contacto constante con humanos.

Finalmente se trasladan a la plaza para ser lidiados delante de la multitud que, eso sí, desea con todo su corazón que no lo maten mientras gritan “ole”, beben vino y se toman fotos.

Es lógico y evidente que se debe matar al toro para luego consumir su carne.

Habrá que hacerlo así, igualito, pero sin la parafernalia postinera que se realiza delante del “respetable”.

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