Suponiendo…sin conceder.

Suponiendo…sin conceder.

¿Qué de positivo puede tener para un partido como el PRI tener a un rijoso pendenciero de cantina, como Carlos Gutiérrez Mancilla, en sus filas?

Para organización política que intenta recuperar credibilidad, presencia electoral y respeto político, pareciera ser que nada. 

Si, la narrativa priista en la actualidad es la de ejercer una oposición firme, incómoda y combativa, y bla, boa, bla.

Sin embargo, este personaje parece confundir muy frecuentemente el carácter con la pendencia. Con la payasada y la violencia.

El legislador ya había protagonizado un enfrentamiento de insultos y empujones con el morenista Arturo Ávila “cero votos” en agosto. 

Ahora, su confrontación con Jorge Álvarez Máynez, dirigente de Movimiento Ciudadano, terminó con, hágame el favor, agua puerca arrojada en plena Cámara de Diputados. 

Dos episodios que retratan una manera de entender la política donde el escándalo desplaza al argumento y el espectáculo ocupa el lugar de la seriedad.

El PRI tiene una historia suficientemente negativa y compleja como para añadir a sus dificultades la conducta de quienes parecen empeñados en hacer de cada diferencia política un pleito personal. 

Alejandro Moreno “Alito” podrá considerar que estas expresiones de beligerancia fortalecen a su partido frente a sus adversarios. 

Pero habría que preguntarse cuántos ciudadanos encuentran motivos para confiar en una organización cuyos representantes aparecen en las noticias más por sus altercados que por sus propuestas.

Ojalá algún día le veamos una iniciativa medianamente interesante a Gutiérrez Mancilla.

Y al PRI, algo más que manoteos. 

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