Dos años después, el rescate del río Tula sigue siendo un “área de mejora orientada al fortalecimiento de los procesos administrativos”.
A dos años de que la entonces presidenta electa Claudia Sheinbaum anunciara en Tula un Plan Hídrico para recuperar el río que atraviesa la región, el proyecto pasó de la etapa de promesa a la ejecución de obras; sin embargo, los principales problemas ambientales que afectan al afluente permanecen sin resolverse.
Y la población cada día está más afectada y harta.
En julio de 2024, durante una gira por Hidalgo, Sheinbaum comprometió un programa integral para restaurar el río Tula, acompañado de acciones para disminuir el riesgo de inundaciones, mejorar la calidad del agua y recuperar el entorno ecológico de la cuenca.
Actualmente, el Gobierno de México convirtió esa propuesta en uno de los proyectos prioritarios del sexenio y destinó más de 900 millones de pesos para su desarrollo durante 2026.
Entre las acciones en marcha destacan la construcción de aproximadamente 38 kilómetros de colectores sanitarios para evitar descargas directas al río, la rehabilitación de infraestructura hidráulica, la modernización de plantas de tratamiento y la recuperación de espacios ribereños.
No obstante, especialistas y organizaciones civiles advierten que los avances en infraestructura todavía no se traducen en una recuperación ambiental del cauce.
Uno de los principales pendientes continúa siendo la contaminación del río. A pesar de las inversiones anunciadas, siguen existiendo descargas de aguas residuales municipales e industriales que deterioran la calidad del agua, una problemática que ha persistido durante décadas.
También permanece pendiente la recuperación de la presa Endhó, considerada uno de los principales focos de contaminación de la región. Aunque forma parte del programa federal, no se han dado a conocer resultados sustanciales respecto a la mejora de la calidad del agua almacenada ni de los sedimentos acumulados.
Así, a dos años del anuncio realizado en Hidalgo, el Plan Hídrico muestra avances administrativos, presupuestales y de infraestructura, pero la recuperación integral del río Tula —objetivo central del compromiso presidencial— continúa siendo una “meta en construcción”.
En general, el “infierno ambiental” de la región continúa siendo un problema para la salud pública de los habitantes.
Casos graves de improvisación e ineptitud, como el fallido parque de economía circular siguen en el apartado, no de las fallas gubernamentales, sino, digamos, de “áreas de mejora orientadas al fortalecimiento de los procesos administrativos”.
Atole con el dedo, en términos científicos.


