“Mochila”, de Tlali Nantli, break a leg y mucha mierda.
Y en el teatro moderno, quizá se pueda transmudar a “mucho tránsito”, es decir: que tenga todo el éxito posible.
Y lo tendrá, porque es una obra que cimbra al espectador por la forma, cruda, directa, frontal con que aborda los problemas de la adolescencia.
Desde luego no es una obra comercial que busque éxito en taquilla, va mucho más allá, mucho más profundo.
Busca, como lo señaló Marian Tapia Pérez, coordinadora operativa de la compañía y directora del Área de Prevención de la Violencia en la asociación civil que preside María Luisa Pérez Perusquía –productora de la puesta- “mover conciencias sobre la importancia de reconocer y empatizar con las y los adolescentes y los diferentes retos que enfrentan, ejemplificados con las historias de vida de seis adolescentes”.
Actores y actrices cuya juventud no es impedimento para cumplir su papel con entrega y un realismo brutal.
Una obra que busca dar herramientas, al adolescente y al adulto, para “nombrar lo que duele, abrir conversaciones necesarias y acompañar procesos colectivos desde la sensibilidad artística”.
En el teatro antiguo, decir “mucha mierda” era desear éxito, con mucho público, público que se trasladaba al teatro en carruajes tirados por caballos. Entre más caballos, más éxito.
El decir “break a leg”, aludía a “doblar la pierna” al hacer una y mil reverencias ante los frenéticos e interminables aplausos del público.
Y así será.


