Funcionario estatal prepara “ofensiva” contra periodistas.
Ofensiva, es cierto, porque ofende el desdoro del concepto en que el subprocurador Irám González Pérez tiene a los medios de comunicación.
Y a la política, por supuesto.
A partir de la difusión de la información en la que se confirmó que su hijo, militante morenista, pretendió coaccionar a los votantes morenistas que habrían de elegir al presidente seccional (hágame el favor) a través de la entrega de bolsitas con, gramos más, gramos menos, un kilo de jitomates, el funcionario decidió responder a los medios de comunicación que publicaron ese acto deplorable, que es la trampa en la política.
Trampa que, se suponía, estaba ya en vías de extinción con la llegada de la cuarta transformación y sus representantes, así viniesen, como es el caso, del más rancio pasado tricolor (o rojo, rojo jitomate).
La forma en que González Pérez buscará desacreditar a los medios que evidenciaron la artimaña con la que pretendían hacerse de ese comité seccional (enorme aspiración) es a través de panfletos y panfleteros digitales.
El subprocurador contactó a “operadores” de esas páginas de Facebook, única red social en la que se saben mover, para difundir patrañas y mentiras en contra de medios de comunicación que, con la subjetividad propia del ser humano, procuran la realización de un trabajo periodístico serio, responsable y reputado.
Porque es muy fácil publicar bulos e infundidos amparados en el anonimato de nombres como “El gallito”, o “Icoon Ikon Eikon” (así se llama) y cobrar tres pesos para atacar el buen nombre de quienes sí damos la cara, aunque sea para que nos la rompan.
Algún vivales engañó a Irám González, quien cayó en el garlito y supone que a través de esas prácticas nefandas limpiará el tiradero de catsup con que batió su prestigio.
No es el único, otros integrantes del gabinete estatal acostumbran utilizar esa clase de “herramientas” para golpear no solo a los medios y a sus adversarios, sino a sus propios compañeros, en ese ánimo depredador que les invade.
La verbigracia ha desudado a Miguel Tello y Álvaro Bardales, titular de Planeación y contralor estatal, respectivamente.
Y de los “operadores” que se prestan (se alquilan, mejor dicho) a eso, nada sorprende.
O quizá sí, sorprendería que dieran la cara, sin reptar.


